[Roleo de Haruun Kal] Deidad de La Fuerza [Obtención]

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[Roleo de Haruun Kal] Deidad de La Fuerza [Obtención]

Mensaje por Inthar el Mar Oct 14, 2014 7:47 pm


Deidad de La Fuerza


Capitulo I ''Le rebelión de Kheru'uur I''

Hace 56 años, en un planeta del borde exterior de La Galaxia, concretamente en Qalydon, la Orden Sith controla con puño de hierro a la población de dicho planeta. La llama del cambio se encendió en los corazones de aquellos avasallados, cansados de pasar hambre y de perder a sus seres queridos, liderados por Kheru'uur I se alzaron en rebelión contra los Sith. En una de las pequeñas aldeas del Bosque Oscuro que aún se mantenía fiel a la Orden, un joven  de apenas 15 años era tratado como una Dios por sus poderes de La Fuerza, cosa que ignoraron los dirigentes Sith. Ese joven, el cual lideraba su poblado y luchaba contra los ataques de Kheru'uur I Arimanda se llamaba Ishlos. - ¡Derramad su sangre! ¡Matad a todos los herejes! - gritaba con fuerza aquel joven sensible empujando mediante La Fuerza varios soldados de Kheru'uur mientras agarraba con fuerza una espada de acero construida por los artesanos de su poblado. La Orden Sith les había proporcionado cañones bláster los cuales no desaprovecharon. El Caudillo que lideraba en nombre de Kheru'uur aquella batalla en pleno Bosque Oscuro se llamaba Kahy. Se mantenía alejado de la batalla, en una pequeña elevación observando a sus tropas. - Parece ser que están aguantando más de lo planeado. - comentaba el rebelde a uno de sus soldados. - Será cuestión de tiempo que acaben cayendo. - el Caudillo no respondió mientras miraba la batalla. Ishlos veía desde el interior de la batalla como sus súbditos caían por los disparos de aquellos rebeldes mientras él repelía a algunos osados que se acercaban a él. El astuto joven corrió hacia los cañones bláster y apunto hacia los árboles, era la única solución, aplastarlos. Después de varios disparos hacia aquellos gigantescos vegetales, cayeron con fuerza hacia las tropas de Kahy las cuales retrocedían. Los pocos que ya quedaban fueron masacrados por los espadachines de la aldea y por disparos de bláster. Kahy vio todo y miró de reojo al soldado, sin decir media palabra mandó la retirada de nuevo de sus tropas al campamento del Bosque Oscuro. Mientras tanto, en Werev, dos jóvenes jugaban con una pequeña pelota de trapo. Uno de ellos, el cual se llamaba Ghei golpeó con fuerza el balón haciendo que entrase en una de las ventanas de su casa. El otro hermano, llamado Feot, le metió una fuerte colleja a su hermano. - ¡Idiota! ¡Ahora madre se va a enfadar! - decía mientras se escuchaban los gritos enfurecidos de Laicaya, una muchacha de 35 años y con dos hijos. De fondo apareció el padre de los chicos, Yayau. - Tranquila, cariño, tampoco será para tanto. - decía con una sonrisa. - ¡Cómo qué no! ¡Dieron al droide de limpieza, ahora está estropeado, mira, no funciona! - se decía eufórica Laicaya. Yayau tocó el droide y un chispazo salió disparado hacia su mano. Éste se agarró la mano y miro hacia el robot. - No pasa nada, lo llevaré a arreglar... - decía el padre. - Más gastos... No tenemos casi nada, Yayau, ¿no lo entiendes? - dijo Laicaya mientras se sentaba en una de las sillas de la cocina agachando su cabeza apoyada sobre una de sus manos. Yayau se sentó junto a ella y le agarró con fuerza sus dos manos. - Siempre nos tendremos a nosotros. - dijo él mirándola a los ojos. Los dos hermanos, Feot y Ghei ya se habían alejado al taller de su tío Reix. Feot era un muchacho que le encantaban las naves, los bláster y todo lo que tenía que ver con la mecánica. A Ghei, en cambio, siempre le fascinó el mundo de la guerra y luchar por su planeta. Lo que no se esperaban los dos hermanos, es que horas después un suceso cambiaría su vida para siempre. En Qaliend, un consejo de Sith formados por Darth Guyh, Darth Ertos, Darth Kalaj y un joven Caballero del Sith llamado Nao se estaba reuniendo debatiendo la situación de Qalydon. - Los rebeldes han tomado Reirh, Werev, Hgoi, Heroi y Maolama. - decía con voz firme el Caballero. - Demasiadas derrotas, ese inútil del Moff Piig no sabe defender. - comentaba cabreado Darth Kalaj. - Piig ahora volvió a Korriban para ejercer allí de Moff, orden de la Cámara. - añadía Darth Ertos. - ¿Huye cuando las cosas se ponen difíciles? Es un borracho y un adultero, no debería ser Moff. - respondía Kalaj enfadado. - Es listo y sabe bien manipular como si un Sith se tratase. Dejando ya ese tema, propongo repartirnos nosotros para reconquistar Qalydon. Kheru'uur I es aclamado por toda la población, nuestros imperiales consiguieron aplacar alguna manifestación en Qaliend. - explicaba Darth Ertos. - Me parece buena idea, Darth Ertos. - respondía el Caballero Nao. - Nuestra única aldea del Bosque Oscuro resiste. - añadía el temido Darth Guyh, el cual estaba sentado en el mítico trono de Qaliend. Los miembros del dicho consejo miraron hacia el Sith extrañados por ese cambio de tema. - ¿A qué viene eso, Guyh? - preguntó Ertos. - ¿No os sorprende? Una aldea primitiva, que nos considera dioses por utilizar La Fuerza, faltos de recursos y que sobreviva a los numerosos ataques de Kheru'uur I y su ejército. - dijo el frío Darth. Los presentes se quedaron en silencio reflexionando sobre lo dicho por el Sith que tomaban como líder. - Bueno, volviendo al tema de acabar con la rebelión... Caballero Nao, irás a Werev con la guarnición de aquí, de Qaliend. Enseñales a esos rebeldes qué ocurre si osan atacar a la Orden Sith. - ordebana Guyh. - Nosotros aguardaremos aquí hasta que tomes Werev. Conociendo a ese estúpido de Kheru'uur capaz es de atacarnos directamente. - continúo. Nao asintió con la cabeza - Como mande, mi Lord. -


Kheru'uur se mantenía en su salón de Maolama frente a unos planos junto a su Coronel Gulliver. - Les estamos comiendo mucho terreno. El Bosque Oscuro practicamente es nuestro, menos una pequeña aldea, Caballeros de las nubes y las Llanuras de Werev igual. - comentaba Gulliver. - No podemos confiarnos, Coronel. Esos engendros venidos de las nubes son más poderosos de lo que creemos. Les pillamos despistados y hemos conseguido mucho terreno pero la guerra no está ni mucho menos ganada. - advertía el líder de los rebeldes. - Tiene razón, Kheru'uur, pero el pueblo te quiere. Es cuestión de tiempo que abandonen el planeta por tantas pérdidas por las manifestaciones. - dijo el Coronel. Kheru'uur I se mantuvo en silencio de brazos cruzados mientras miraba los planos. Las tropas de Nao llegaban lentamente a Werev dando saltó la alarma. La familia de Feot y Ghei estaban cenando cuando los soldados corrían por la ciudad hacia las gigantescas murallas. Yayau cerró con pestillo la puerta de la casa y refugió a su familia en el sótano de su humilde casa. Tomó una pistola láser que tenía y bajó con ellos. Laicaya se abrazó a él asustada y a sus dos hijos. Las bombas y los disparos se escuchaban con fuerza. Después de horas aguardando en silencio desde el sótano, una gran explosión hizo saltar a toda la familia. Un golpe sonó en la planta de arriba y dos imperiales se habían adentrado en la casa. Después de un largo rato buscando por la casa, hallaron el desván. Apuntaron hacia Laicaya y Yayau mientras Feot y Ghei se escondían detrás de unas cajas. El padre de éstos posó la pistola láser sobre el suelo y alzo ambas manos. - Por favor... Dejadnos vivir... Somos unos humildes ciudadanos de Werev... - decía asustado Yayau. Uno de los imperiales apretó su gatillo y un destello luz iluminó el desván. Yayau cayó sobre el suelo posando su mano sobre el agujero provocado por el disparo láser. - ¡Yay! - gritó su esposa mientras se agachaba. Otro destello rojo salió del arma del otro imperial abatiendo a la mujer. Ghei y Feot observaban todo escondidos en una esquina. Yayau, moribundo, miraba con sus últimas fuerzas a sus dos hijos. Los dos imperiales se volvían sobre sus pasos después de registrar toda la casa. Ghei corrió hacia su padre al igual que Feot. Yayau tomó de la pechera a Feot y le dijo al oído. - Cuida de él. -. Su cabeza se volvía hacia el suelo quedando ya fallecido. Ghei estaba dando golpes al suelo lleno de lágrimas, Feot en cambio se levantó y se mantuvo frío mirando los cuerpos de sus padres. Tomó la pistola láser de el que su día fue su padre y salía del desván. - ¿A dónde vas, Feot? - decía entre sollozos Ghei. - No te marches del planeta. - dijo su hermano mientras salía de la casa. Ghei quedó solo, con los dos cuerpos de sus padres.

CONTINUARÁ...


Capitulo II ''El exilio''

Las fuerzas de Kahy tenían ya casi tomado el Bosque Oscuro y la aldea de Ishlos se encontraba bajo mínimos ya que la Orden Sith, regente de aquella en Qalydon se negaba a proporcionarles el armamento necesario para poder resistir. El líder de aquella pequeña aldea, Kiee'j, se reunió con el joven sensible a La Fuerza para debatir qué hacer. - Tenemos que matar a todos herejes... - decía un insensato Ishlos, de aquella tratado como un Dios por aquella primitiva aldea. - Sería una locura. Moriríamos todos. - respondió Kiee'j sentado en su gran silla. Ishlos, que tan solo tenía 15 años, no se le ocurría ningún tipo de plan. El líder del clan se quedó en silencio. - Marcharemos a Caballeros de las nubes. - rompía el silenció Kiee'j. - ¿Estás loco? Allí sí que moriremos, son todos herejes de Kheru'uur I. - decía el sensible. - Conozco a varios líderes de los pueblos de hace años, nos darán refugio. El problema será atravesar la frontera Sith. - comentaba el sabio líder. Ishlos se mantuvo en silencio mientras le miraba. - Prepárate, marcharemos al alba de la luna de Qalydon. - dijo Kiee'j mientras se levantaba. Mientras tanto, en Werev, Ghei se despertaba de entre la basura. Los imperiales le habían arrebatado su hogar, a sus padres y el cobarde de su hermano le abandonó a su suerte. El tío Reix también asesinado, ninguna esperanza le quedaba a aquel muchacho. Como si de un Dios se tratase, una figura encapuchada se agachó hacia él entregándole un poco de pan. Le ofreció la mano. Ghei le miraba, distante, pero la acabó agarrando pues no le quedaba otra alternativa. Después de recorrer las oscuras calles de la ciudadela de Werev, el encapuchado parecía adentrarse en una cantina. Le murmuró unas palabras al camarero y nos llevo al sótano. Allí una gran base, con armas, más niños de la edad de Ghei y soldados se mantenían vigilando la mayoría de las ciudades de Qalydon. Ghei se asustó, pensando que sería algún complejo imperial. - Tranquilo, chico, somos de los buenos. - decía el encapuchado dejando ver su rostro, moreno y de pelo negro. - ¿Qué quieres de mi? - dijo el asustado Ghei. - Somos parte de la Unión Jiok, trabajamos en secreto para derrocar a la Orden Sith, pero no creas que somos aliados de Kheru'uur I. Ese es otro fanático loco, al igual que el Príncipe Kheru'uur, del mismo nombre. - explicó el que antes iba encapuchado. Ghei le miró sin decir palabra, como si nada entendiese. - Mira, chico, se lo que le hicieron esos imperiales a tus padres. Los conocía, eran buena gente, tu padre trabajaba con nosotros en secreto, por eso le hicieron eso. Queremos ayudarte. - le decía el líder de la Unión Jiok. - Vengaré a mi padre. - decía con rabia un joven Ghei. - Lo vengaremos, chico. Puedes llamarme Gockins. - comentaba mientras se daba la vuelta. - ¡Yisish's! - gritó Gockins. Un joven de la edad más o menos de Ghei venía corriendo. - Éste es mi hijo, él te enseñará todo lo que tienes que saber sobre nosotros. Oí de tus habilidades con el arma, los perfeccionaremos. - decía Gockins. Ghei marchó con Yisish's a través de las instalaciones subterráneas de la Unión Jiok. Kheru'uur I y el Coronel Gulliver se mantenían de nuevo en aquel salón de Maolama. - El Bosque Oscuro ya es nuestro, los aldeanos resistentes se han decidido a marchar según Kahy. - comentaba Gulliver. - ¿Y eso? ¿Por qué los los hombres de las nubes cedieron? - cuestionaba asombrado el auto proclamado Rey del pueblo. - No cedieron ellos. Los mismo lugareños se habrán cansado del yugo y buscarán refugio en cualquier otra parte. - explicaba el Coronel. - ¿Se han ido ya? - preguntó Kheru'uur I. - No, pero se van a marchar. El mismo Kiee'j envió el comunicado a nuestro hombre. - respondía Gulliver. - Dígale a las tropas que se mantengan con cuidado. No me fío. - ordenaba Kheru'uur I.


Todos los lugareños de aquella aldea resistente del Bosque Oscuro se mantenían esperando, sosteniendo estandartes del clan que habían servido durante años, el clan de la aldea. A los segundos aparecían Ishlos y Kiee'j con armaduras de combate. El sensible sujetaba a su espalda un estandarte de la aldea. - ¡Compañeros, no dejaré ver como mueren todos mis hombres a favor de una causa inexistente! ¿!Por qué les apoyamos!? ¡Solo nos dejan morir, marcharemos de nuestra tierra natal en busca de la vida! - gritaba con fuerza el líder. Todos los aldeanos prepararon a los animales de carga propios de Qalydon y marcharon todos hacia Caballeros de las nubes y a sus espaldas dejaron sus terrenos que durante siglos habitaron. Después de horas caminando, entraron en la zona bipartida por Kaohs y Qaliend. Kiee'j levantó su mano mientras miraba de lado a lado. - ¿Sientes algo? - le preguntó el líder a Ishlos. El joven, aunque no controlase muy bien La Fuerza era capaz de percibir alguna que otra perturbación debido a que había muchas formas de vida alrededor. Demasiadas para un paisaje tan desolado. - Sí. - afirmó Ishlos. La lluvia empezó a azotar el terreno en el cual se encontraban. - ¡A las armas! - gritaba Kiee'j mientras se escuchaba un largo eco. Como si de la nada pareciese, miles de imperiales aparecieron de entre los matorrales acompañados del Caballero Nao. Los hombres de Kiee'j caían rápidamente mientras Ishlos y él abatían a varios mediante espadazos. Evidentemente, la batalla estaba perdida, Kiee'j salió despedido por culpa de un empujón de la fuerza del Caballero Sith y como si de la nada fuese, Nao se apareció delante de Ishlos. Le lanzó un fuerte ataque al pecho pero el intrépido y entrenado sensible lo bloqueo con su espada de acero la cual se partió en dos. Le miró en silencio y le lanzó un leve empujón de la fuerza que el Sith pudo rechazar fácilmente. Seguidamente le empezó a estrangular a Ishlos hasta que perdiese la respiración. Nao, en muestra de piedad pensó - No merece la pena. - y le soltó. Lo que no se esperaba, es que dentro de 41 años, Ishlos sería su ejecutor. Nao le soltó inconsciente sobre el suelo mojado. La aldea de Kiee'j, que había abandonado sus tierras natales fue exterminada a mano de los Sith, siendo acusados de herejes rebeldes. Los pocos supervivientes de la emboscada fueron ejecutados en Qaliend ante las masas populares. Los Sith exterminaron a niños y a mujeres, acabaron con el clan del Bosque Oscuro, menos con Kiee'j el cual fue encarcelado en Kaohs.

CONTINUARÁ...


Capitulo III ''No es tan fácil como parece''

Ishlos se levantaba lentamente de entre los matorrales. Centenares de cadáveres rodeaban el cruce entre Kaohs y Qaliend, los caídos de la emboscada. El joven caminaba, con una espada en la mano, mirando de lado a lado los cadáveres de los que les siguieron, ahora caídos a manos del Imperio. Sintió algo a sus espaldas y se giró en posición de ataque, dos hombres le apuntaban con una pistola láser, aunque al verle bajaron el arma. - ¡Divinidad! ¡Sabía que no podría morir! - decía uno de ellos, el cual se llamaba Neos. Los únicos supervivientes del pueblo libre del Bosque Oscuro. - ¿Kiee'j? ¿Lo habéis encontrado entre los caídos? - dijo Ishlos mirando a ambos. - No... Se lo llevaron, yo mismo lo vi. - contestó el otro, llamado Kairh. - ¿Cómo lo sabes? - dijo el sensible. - Lo pude ver antes de caer inconsciente. Los vi llevárselo con unas extrañas esposas formadas de truenos. - respondía Kairh. - ¿En qué dirección? - seguía cuestionando Ishlos. - Hacia Kaohs, ¿no pensarás en ir? Sería un suicidio. - decía Kairh, asustado. Ishlos caminó lentamente hacia él bajo la asustada mirada de Neos y el antes nombrado. Se coloco cerca de él y con rabia, dijo - No abandonaremos al que nos dio la libertad. - acto seguido, Kairh tragaba saliva. Ishlos desclavaba del suelo uno de los estandartes de la aldea y miraba hacia el horizonte donde se encontraba Kaohs elevada en un pequeño monte. Caminó hacia la ciudad junto con Karih y Neos. Mientras tanto en Maolama, Kheru'uur I estaba con el líder de las aldeas de Caballeros de las nubes y su hija, Jaha. El hijo de Kheru'uur I, Kheru'uur II se iba a casar con la hija del líder de dichas aldeas, llamado Nubesim. - La ceremonia debe ser celebrada en zona de Caballeros de las nubes. - decía Nubesim. - Como desees, podemos celebrarlo en la ciudadela de Hgoi. Tenemos unas de las más grandes capillas de todo Qalydon. - respondía el llamado Rey del pueblo. Nubesim asentía con la cabeza y los dos prometidos se miraban tímidamente entre ellos. El líder de Caballeros de las nubes se alejaba del salón junto a su hija y el Rey del pueblo quedó junto a su hijo de mismo nombre. - Padre, no creo estar preparado... - se quejaba el joven Príncipe del pueblo. - No importa que lo estés o no. Con tu matrimonio, tendremos asegurada la lealtad de los poblados de Caballeros de las nubes. La Orden Sith está apunto de caer. - respondió Kheru'uur I. Su hijo asintió. El Rey del pueblo sabia perfectamente que solo un milagro salvaría a la Orden Sith para que siguiese con el liderazgo de Qalydon. Las gentes adoraban a Kheru'uur I, incluso llamaron así al gran océano que cubría la superficie, el Mar de Kheru'uur I. Mientras tanto, en la conquistada Werev, la Unión Jiok planeaba los siguientes ataques que debilitarían bastante a la Orden Sith. Yisish's y Ghei se mantenían juntos en el arsenal de armas. - Está la construyó mi padre. Es de mis favoritas, es como una replica de la E-11 imperial. - hablaba el nuevo amigo de Ghei mientras éste se perdía en la gran cantidad de armas que había a su alrededor. Mientras Yisish's hablaba, él solo iba nombrando en su mente el modelo de cada fusil que se encontraba en la sala. De pronto, Gockins apareció en la sala y una alarma empezó a sonar en todas las instalaciones. - Ghei, ven. Quiero enseñarte algo. - decía con un rostro serio. El muchacho se levantó y siguió sus pasos junto a Yisish's también, hacia la sala de mandos. Allí se podían ver a las tropas de Heroi y de Hgoi movilizándose y tomando ambas ciudades. - Lo hemos logrado, muchachos. Después de años de formación hemos logrado que la Unión Jiok devuelva la libertad a Hgoi y a Heroi. Solamente nos queda hoy, camaradas. Tomaremos Werev. - decía el líder de la organización a los hombres que estaban en la sala de control. Hgoi, Werev y Heroi habían sido ciudades libres durante siglos hasta la llegada de la Orden Sith, que después de la Gran Conquista unificaron todo en un mismo Imperio. La Unión Jiok se creó con lugareños de éstas tres localidades con el fin de devolver la independencia. Gockins y su hijo, Yisish's, habían vivido toda su vida en las Llanuras de Werev apoyando al gobernador de la ciudadela, en aquel entonces Alambratos. Después de la Gran Conquista y del asesinato de Alambratos y de todos los gobernadores de las ciudades independientes, Gockins juntó a varios hombres y poco a poco asentó las bases de la Unión Jiok. Después de tantos años, lograron acabar con la resistencia en Heroi y en Hgoi y tan solo les quedaba tomar de nuevo Werev. Las tropas de Gockins salieron de la base en Werev en contra de los imperiales que allí aguardaban. En la ciudadela, se encontraba Darth Kalaj el cual sería responsable de la defensa de Werev. Coordinó varias tropas en las plazas de la ciudad para intentar repeler el ataque de la Unión. Había 3 plazas, una de ellas fue tomada con facilidad arrasando a todos los imperiales, la segunda sería estallada por una bomba que debía colocar Gockins y la tercera estaba en disputa.


Gockins avanzaba entre los disparos con agilidad junto a sus tropas. Llegaron a dicha plaza, llena de imperiales defendiendo la zona. Debajo de la ciudadela había una gran red de galerías subterráneas y todas se juntaban debajo de la plaza. Bajo por las alcantarillas junto a otro de sus hombros, mientras el resto de soldados defendía la posición. Debajo, apenas se encontraron dos guardias defendiendo las galerías que fueron abatidos de dos ágiles disparos. - Rápido, acerqueme los explosivos soldado. - ordenaba Gockins una vez llegaron a la zona de la plaza. El soldado descolgó su mochila y sacó de ella una serie de explosivos láser y comenzó a instalarlos junto a Gockins. En la parte de arriba, Darth Kalaj estaba ajusticiando a los rebeldes de la Unión Jiok acabando con gran parte de las tropas - ¡Acabad con todos esos herejes! - gritaba mientras degollaba a uno con su espada láser. Gockins y el soldado consiguieron instalarla y la cuenta atrás se inició. Ambos echaron a correr hacia afuera de las galerías. - Aquí Gockins, salgan todos de la plaza C, repito, salgan todos. Explosivos activados. - dijo el líder por su comunicador de muñeca. Ambos se mantenían ya subiendo por las escaleras cuando de repente la explosión salto. - ¡Rápido soldado! - gritaba Gockins extendiendo su mano, pero ya era tarde. En la plaza, Darth Kalaj empezó a sentir un temblor bajo sus pies, pero no pudo reaccionar. La zona denominada ''C'' para la Unión Jiok había estallado y con ella todos los imperiales y el Sith. La última plaza fue fácil de tomar ya que los pocos soldados de la Orden Sith cayeron rendidos ante la gran superioridad de los rebeldes. El golpe de estado, por así llamarlo, de la Unión dejó debilitados a la Orden Sith y a la resistencia de Kheru'uur I el cual ya solo disponía de Reirh y Maolama. La ceremonia al final se desplazó a Maolama aunque la decisión no le gustaba demasiado a Nubesim. Desde Achillea, la Orden Jedi envió varios Maestros para investigar a aquel joven sensible a la fuerza que residía en Qalydon para guiarlo en las artes del Ashla. El Maestro Pegasso con su ejército de cloones partió hacia el susodicho planeta.

CONTINUARÁ...

Capitulo IV ''El Rey del Pueblo''

Ishlos avanzaba por las llanuras que llevaban hacia Kaohs, con el estandarte en la espalda y junto a Neos y Kairh. La misión era imposible, pero el joven sensible no iba a dejar a su líder, que tanta confianza deposito en él. Los dos seguidores de Ishlos estaban cansados y totalmente desmoralizados. - ¿Qué harás cuando acabe todo esto? - preguntaba Neos a su compañero mientras iban caminando. - Seguramente me vaya a vivir a Reirh. Es una ciudad bastante tranquila... Aunque ahora con la guerra y todo eso no hay lugar con paz, ¿y tú, qué harás? - le pregunto como respuesta Kairh. - Iré a buscar trabajo en una herrería que había en Qaliend. Tengo amigos comerciantes que venían bastante por el Bosque Oscuro. - respondía Neos mientras sujetaba una mochila. - Haréis lo que Kiee'j diga. Los Sith nos tenían en el frente muriendo y cuando decidimos irnos, nos aniquilaron. Esto no quedará así... - interrumpía el joven sensible. - Divinidad... Es posible que Kiee'j... - dijo Kairh - Kiee'j sigue vivo, y lo rescataremos. - añadió secamente Ishlos. De repente, Neos que iba delante, se agacho entre los matorrales y alzó la mano. Inmediatamente, Ishlos desenfundó su espada de acero y Kairh descolgó su bláster rudimentaria. - Hemos llegado al puesto avanzado que aguarda Kaohs. Son pocos hombres, con sigilo podríamos... - decía Neos mientras era interrumpido por Ishlos. - Iré yo. Esperadme aquí. - dijo el sensible mientras se alejaba de la escena. El intrépido usuario de La Fuerza consiguió adentrarse en aquel puesto avanzado y abatir a dos guardias en un abrir y cerrar de ojos. Ambos cadáveres eran escondidos entre los matojos. Se subió a la torre escalando a toda velocidad y tomó a uno de los guardias que se mantenían arriba en la torre por el pecho y lo tiró hacia abajo. Con gran agilidad, le clavo la espada en el abdomen al otro que se disponía a dispararle, pero no le dio tiempo. Desclavó su espada y pateó su cuerpo, seguidamente el único guardia en pie que estaba en la otra torre disparaba al sensible, el cual lograba evitar el disparo agachándose y cubriéndose en la torre. Otro disparo rompió el silencio del lugar y el guardia imperial caía en seco. - Quizás si necesitabas más ayuda, jeje. - decía Neos, sujetando el bláster en su nuca. Mientras tanto, un holograma de Gockins era enviado a la sede de la Orden Sith en Qalydon y a la sede del Rey del Pueblo en Maolama. - Aquí la Unión Jiok, después de la toma de las ciudades libres de Heroi, Hgoi y Werev exigimos que se nos devuelva la libertad que teníamos años atrás. No queremos tomar parte en la guerra actual que hay por el liderazgo del planeta, pues lo vemos una real estupidez. Solamente queremos que se nos reconozca como hombres libres y que el comercio entre vuestras ciudades y las nuestras estén abiertas. Un saludo, espero vuestra respuesta gobernantes... - decía Gockins a través del holograma, en el cual se encontraba él sentado en una silla y detrás dos estandartes de la Unión Jiok con guardias a los lados. Darth Guyh destrozaba el holotransmisor enfurecido. En la sala, Darth Ertos y el Caballero Nao se mantenían en silencio. - Primero el hereje de Kheru'uur y ahora... ¿¡La Unión Jiok!? ¿¡De dónde salió esa basura!? - gritaba en cólera el Sith. - Tranquilo, Guyh. Kheru'uur está en peor situación ahora que nosotros. Lo único malo es la pérdida de Darth Kalaj, Werev, en cambio, no era tan importante. - respondía Darth Ertos intentando tranquilizarle. - Y encima ese inútil de Kalaj no puede contra un par de fanáticos progresistas. Mejor está muerto, no valía para nada. - dijo Darth Guyh. - He de admitir que me decepcionó su poca destreza en este campo... - comentaba Ertos. - ¿Qué haremos con la Unión Jiok? - preguntaba el Caballero Nao. - No nos queda otra que reconocerles la independencia... Pero a ese estúpido de... ¿Gockins era? Bueno, me da igual. Lo quiero muerto. - respondió Guyh. - Así será. Enviaré a mi mejor Asesino Imperial a por él. - comentaba Ertos. - Y Nao, te quiero en Kaohs. Acaba en público con ese traidor del de la aldea del Bosque Oscuro y lidera allí la guarnición. Atacaremos Reirh. - ordenaba Guyh mientras enviaba un holograma de vuelta a Werev. - Está bien, los actuales y los únicos gobernantes de Qalydon, la Orden Sith y en individual Darth Guyh os reconocemos la independencia de Werev, Hgoi y Heroi pasando a ser estados neutrales. - en el holograma aparecía el sentado en el mítico trono del Rey de Qalydon. En Maolama, Kheru'uur I miraba en silencio junto a su hijo el holograma. - Las guarniciones han caído... - le decía el Príncipe Kheru'uur II. El Rey del Pueblo se mantuvo en silencio durante unos segundos y encendió de vuelta el holograma. - Yo, Kheru'uur, el primero de mi nombre os reconozco la independencia así como declaro la guerra a la Unión Jiok por atentar contra la paz de Qalydon y la libertad de nuestros habitantes. - decía el holomensaje que era enviado a Werev. El joven príncipe observó a su padre en silencio. - Prepárate, la boda será hoy mismo. - dijo convencido Kheru'uur I. Su hijo de mismo nombre asintió con la cabeza.


El Maestro Jedi Pegasso ya había aterrizado cerca de Niktama y comenzó su busca. Su mejor Comandante, Krees emprendió con varios hombres la búsqueda por la zona montañosa. Él, decidió ir en busca del sensible a Kaohs, ya que el sentía algo en aquella dirección. Lo que no sabía, es que en esos mismos instantes el joven Ishlos se encontraba en las alcantarillas de la ciudad junto a Neos y Kairh. - Como apesta esto... - se quejaba Kairh. - Silencio, estamos apunto de llegar a los calabozos. - decía Ishlos con su espada en la mano. Los tres avanzaban sigilosamente, pero el sensible se frenó en seco. Volvió a sentir aquella misma perturbación que sintió antes de la emboscada de los Imperiales. Nao había llegado a la ciudad y estaba expandiendo la noticia de que el Kiee'j sería ejecutado en la plaza para que todos los presentes posibles podrían asistir. En ese mismo instante, Ishlos empezó a moverse más rápido y Neos y Kairh le seguían como podían. Se paró en seco en una de las escaleras que daban al exterior. Después de unos segundos en silencio, se decidió a subir y al abrir la tapa se encontró a un soldado, el ágil sensible saltó hacia su cuello y le degolló con su arma. Una vez subieron sus dos acompañantes, tiró el cadáver por las cloacas. Se encontraron a Kiee'j atado en un poste con esposas de hierro mandaloriano, Ishlos corrió hacia él y se coloco de rodillas hacia él mientras que Neos y Kairh se quedaban cubriendo por si venía alguien. - Kiee'j... - dijo Ishlos mientras le miraba. El debilitado líder de los aldeanos abría sus dos ojos. Su cuerpo estaba lleno de heridas de látigos láser. - Divinidad... - dijo el debilitado Kiee'j. - Te sacaremos de aquí, estás a salvo. - dijo decidido el sensible. - E-Escúchame... Ll-lleva a mis h-hombres... a un... a un lugar... seguro... - intentaba hablar. - ¡Te llevaremos a ti también! - gritó enfurecido Ishlos mientras golpeaba con su espada a los hierros los cuales ni se inmutaban. - ¡Ishlos vienen soldados! - gritaba Kairh mientras abría fuego en los estrechos pasillos de las mazmorras. - M-Marchaos... Rápido... - ordenaba Kiee'j. - ¡Jamás te dejaré! ¡Confiaste en mi, no te abandonaré hermano! - gritaba Ishlos. - ¡Divinidad, debemos irnos rápido! - decía Neos mientras tiraba de él. Entre Kairh y Neos consiguieron meter a Ishlos en las alcantarillas y el sensible, lleno de lágrimas al igual que sus compañeros logró huir de la ciudad. En las mazmorras, el tenebroso Sith, Nao caminaba en el campo de cadáveres de imperiales que habían dejado los intrusos mientras miraba al prisionero. Éste encendía su sable láser y se lo colocaba en el cuello. - Disfruta de la noche, es tu última en este Universo. - decía con una sonrisa en la boca el Sith. Kiee'j le miraba a los ojos con rabia y la escupió. El Caballero se limpió lentamente el escupitajo y le metió una fuerte patada en el abdomen. El debilitado prisionero escupió sangre. - Mañana nos veremos... - decía mientras se iba el Sith. En Werev, Gulliver dirigía a sus tropas en el Templo de Maolama para proteger a Nubesim y a Kheru'uur I. Ambos se encontraban en el interior, junto al Príncipe y los demás presentes que se encontraban hablando. - Eres muy afortunado, hijo mío. No todos podemos casarnos con una mujer tan bella como Jaha. - decía el Rey colocandole la mano en su hombro. Nubesim se reía mientras les miraba. - Tampoco exagere, Kheru'uur. Mi hija también es afortunada, el Príncipe es también un buen mozo. - dijo el líder de Caballeros de las nubes. - Y con nuestra unión podremos derrotar a la Unión Jiok y volver a tomar mis ciudades. Es todo perfecto. - dijo satisfecho Kheru'uur I. Gulliver se colocaba tímidamente detrás del altar, sujetando su bláster y un silencio invadió la sala y las puertas del templo se abrían. Ahí aparecía Jaha, con un vestido blanco y una larga capa roja que era llevada por dos damas. Kheru'uur II miraba a su prometida en silencio mientras todos los presentes se encontraban en silencio y cuando llegó a la zona del altar, el sacerdote empezó la ceremonia. Después de varias palabras dichas por el monje, ambos prometidos se miraron. - Jaha, ¿querrás al Príncipe Kheru'uur II, en las victorias y en las derrotas? - dijo el cura. - Sí, le querré. - afirmaba la hija de Nubesim. Su padre mostraba una sonrisa mientras la miraba. - Príncipe Kheru'uur, ¿querrá a Jaha, en vida y en muerte? - cuestionaba el sacerdote. Cuando el Príncipe se disponía a hablar, varios disparos enmudecieron la ceremonia. Los mismos soldados de Kheru'uur I empezaron a disparar a todos los presentes. Nubesim recibió un disparo en el pecho y cayó hacia el suelo. - ¡Padre! - gritaba Jaha corriendo hacia él. Antes de que lograse llegar hacia él un disparo le abatió. El Príncipe se escondió junto al sacerdote detrás del altar mientras el Rey del Pueblo miraba todo aquel caos. - ¡Parad está locura, ya! - gritó Kheru'uur I enfurecido. Gulliver se acercó lentamente por la espalda a Kheru'uur I y le clavaba una daga justo por la parte del corazón a través de la espalda. - Saludos de Darth Guyh. - dijo en voz baja el General mientras desclavaba el arma. El Rey del Pueblo abrió sus dos ojos como platos mientras se le volvía borrosa la vista y caía de rodillas. Finalmente, cayó en el suelo dejando salir sangre por su boca. Gulliver caminó lentamente hacia detrás del altar y apuntó al sacerdote dispararandole en seco. Miraba al Príncipe y le apuntaba. - Vendrás conmigo a Qaliend... Serás siervo del Darth. - dijo el General.

CONTINUARÁ...

Capitulo V ''Superviviente''

Darth Guyh se mantenía en su trono mientras miraba al Asesino Imperial que estaría encargado en acabar con Gockins para intentar aplacar a la Unión Jiok. Darth Ertos y Neo también se mantenían mirandolo. - ¿Le gusta, Guyh? - decía Ertos. - No parece patoso. ¿Cómo se llama? - preguntó Guyh. - Mi nombre es Futurxe, Darth. - dijo decidido el imperial. - Futurxe... ¿Sabes cual es tu misión? - preguntó el Sith. - Sí. - respondió secamente. Darth Guyh asintió lentamente con la cabeza y como si se entendiesen, Futurxe salió lentamente de la sala con sus dos pistolas láser enfundadas en el cinturón. En la plaza de Kaohs, el cuerpo sin vida de Kiee'j colgaba de la torre principal de la ciudad con un cartel escrito en Idioma Sith que ponía ''Traidor''. Ishlos y sus dos acompañantes se mantenía vagando sin rumbo por las llanuras que separaban Qaliend de Kaohs con sus estandartes a las espaldas en busca de refugio en Caballero de las nubes. - ¿Cuánto nos quedará para que nos encuentren y nos maten? - preguntaba, deprimido Kairh. El silencio invadió la caminata de aquellas almas abandonadas a su suerte, mientras el cuerpo de su líder intentaba descansar colgado en la plaza. El Maestro Jedi Pegasso ya había puesto rumbo con sus cloones hacia Caballeros de las nubes en busca del sensible a la fuerza.


En la base principal de la Unión Jiok, Gockins descansaba tranquilamente en su cuarto mientras Ghei y Yisish's jugaban con unas bláster de mentira. Futurxe apareció lentamente de los conductos de ventilación en el interior de la base, acabando con un guardia de la Unión con un cuchillazo de su cortossis. Desenfundó sus dos pistolas láser y les quitó el seguro con gran habilidad. Yisish's se asomó corriendo, pues en el juego con Ghei él era el ficticio villano galáctico buscado por los Jedi y Ghei era un Maestro de La Fuerza. Se giró, observando al intruso y se quedó en silencio. Futurxe le disparó a la pierna y Yisish's cayó sobre el suelo, el Asesino Imperial siguió su camino hacia el cuarto de Gockins. Ghei corrió hacia Yisish's y le arrastró hacia su habitación en la cual se encontraban jugando. - ¡Yisish's, por favor, no te mueras! ¡Tú también no, por favor! - decía ya casi entre sollozos Ghei. - No exageres... Estoy bien. Van a por mi padre, tenemos que salvarlo, ¡rápido! - gritó el débil Yisish's. Éste le paso una pistola láser de verdad que tenía siempre en su cinturón a Ghei. La agarró y le miró mientras asentía. El joven salió corriendo entre los pasillos hacia el cuarto de Gockins, pero cuando llego, éste se encontraba con las manos en alto y el Asesino apuntándole. Un haz de luz roja salió de las pistolas de aquel imperial y la vida de Gockins se esfumó, Futurxe se giró, decidido a acabar con la vida también de un crío pero lo que no se esperaba era que un disparo atravesase su abdomen y seguidamente su pecho. Desvío su mirada hacia su ejecutor, un crío de apenas 14 años. Más tarde aparecieron todos los soldados junto a Yishish's, el cual estalló en lágrimas. En Caballeros de las nubes, los tres viajantes de la aldea del Bosque Oscuro eran seguidos bajo la atenta mirada de unos seres desconocidos. Salieron de los matorrales una escuadra de unos pocos que aún apoyaban al fallecido Rey del Pueblo. Neos cayó rápido de un disparo en el pecho mientras que Kairh e Ishlos se defendían como podían. De los montes, apareció el ejército de Pegasso destrozando a las tropas enemigas. Cuando ya la batalla parecía ganada, un disparo atravesó el pecho a Kairh. Ishlos miraba como su aldea, sus últimos supervivientes caían mientras aquellos rebeldes huían de la República. Pegasso consiguió llevarse al joven, después de convencerle, a Achillea para instruirle en las artes Jedi. Éste se mantenía mirando desde el crucero del cual partía la superficie del planeta que le vio nacer, sujetando su estandarte de la aldea. Después de 41 años, después de que la Unión Jiok se disolviese y Ghei crease su propia rebelión junto a Yisish's, después de que el Príncipe Kheru'uur II se casase con una joven llamada Kreita y traicionase a los Sith, El antes llamado Ishlos, el Rey Oscuro Inthar estaba en su salón del trono, sujetando aquel estandarte que había representado a los suyos, ahora símbolo de su gobierno y su escudo.



OBTENCIÓN:

Spoiler:
- Estandarte de las aldeas de Qalydon
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Última edición por Inthar el Dom Oct 26, 2014 1:00 am, editado 6 veces
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Re: [Roleo de Haruun Kal] Deidad de La Fuerza [Obtención]

Mensaje por Keldorn Gres el Mar Oct 14, 2014 8:13 pm

Buen roleo, espero el siguiente capitulo. Smile
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Re: [Roleo de Haruun Kal] Deidad de La Fuerza [Obtención]

Mensaje por Darth Vehement el Mar Oct 14, 2014 11:21 pm

Me encargaré.
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Re: [Roleo de Haruun Kal] Deidad de La Fuerza [Obtención]

Mensaje por Inthar el Jue Oct 16, 2014 7:59 pm

Capitulo II subido
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Re: [Roleo de Haruun Kal] Deidad de La Fuerza [Obtención]

Mensaje por Inthar el Lun Oct 20, 2014 5:11 pm

Capitulo III subido
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Re: [Roleo de Haruun Kal] Deidad de La Fuerza [Obtención]

Mensaje por Inthar el Miér Oct 22, 2014 5:35 pm

Capitulo IV subido
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Re: [Roleo de Haruun Kal] Deidad de La Fuerza [Obtención]

Mensaje por Inthar el Dom Oct 26, 2014 1:01 am

Capitulo V y último subido con obtención.
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Re: [Roleo de Haruun Kal] Deidad de La Fuerza [Obtención]

Mensaje por Vozher el Dom Oct 26, 2014 5:08 am

Aceptable narración, excelentes imágenes y colores agradables a la vista, además de una obtención simple. En definitiva ha sido un buen roleo.

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Re: [Roleo de Haruun Kal] Deidad de La Fuerza [Obtención]

Mensaje por Inthar el Miér Oct 29, 2014 10:39 pm

Actualizo...
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Re: [Roleo de Haruun Kal] Deidad de La Fuerza [Obtención]

Mensaje por Inthar el Sáb Nov 01, 2014 11:06 pm

Que alguien se pase por aquí, por favor.
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Re: [Roleo de Haruun Kal] Deidad de La Fuerza [Obtención]

Mensaje por Invitado el Dom Nov 02, 2014 9:09 pm

¡Tus obtenciones son válidas!

Obtienes 10 dactarios como regalo por el roleo.

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Re: [Roleo de Haruun Kal] Deidad de La Fuerza [Obtención]

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