[Roleo cambio de facción + obtención] El precio de la Fuerza

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[Roleo cambio de facción + obtención] El precio de la Fuerza

Mensaje por Inthar el Jue Mar 20, 2014 5:44 pm


El precio de la Fuerza


47 DGLS
Caída de los Dark Sith
Tribunal del Emperador


Inthar, acusado de traición a la Orden Sith y ayuda a la herejía de los Dark Sith, será censurado del uso de la Fuerza dentro de los territorios del Imperio Galáctico, y por tanto, de la Orden Sith. Si dicho usuario utilizase la Fuerza, aunque fuese en beneficio del Imperio, sería encarcelado. No obstante, se le da al acusado la posibilidad de acceder al Ejército Imperial e intentar conseguir de nuevo el poder de usar la Fuerza libremente.

Agachaba mi cabeza lentamente, mientras terminaba de escuchar las últimas palabras que dictaminaba el Tribunal Sith del Emperador. Había traicionado a la Orden Sith, uniéndome a los Dark Sith. Ellos me dieron todo, era mi deber, sin embargo, ahora me tocaba pagar el precio de mis actos. Fui reclutado en Yavin IV para el Ejército Imperial y se me otorgó el título de Soldado de Asalto Imperial. Si me ganaba la confianza de los altos líderes del Imperio, podría volver a usar la Fuerza. Iba a luchar por ello, aunque ahora no sería fácil.

48 DGLS
Batalla de Naboo
18vo de infantería Imperial


-4 minutos para el aterrizaje, desabrochen cinturones y recarguen armas.-.

Nos acercábamos a la superficie de Naboo, la muerte se palpaba en el ambiente. Desde la ventanilla de mi nave, podía visualizar las máquinas de guerra cargando contra la resistencia de la República Galáctica, acabando con ellos en masa. Recargué mi E-11 y me ajuste el casco. Nada más el Maestro de vuelo dio luz verde, todos nos dirigimos corriendo a la plataforma de aterrizaje. Muchos de mis compañeros, en especial los de la primera fila, iban cayendo debido a los disparos de los republicanos. Estaban atrincherados en un pequeño búnker a unos 106 metros. Conseguimos tomar posiciones, de 100 soldados desplegados solamente quedábamos 65. Mi buen compañero, de aquella Teniente Imperial, Necrium, agarró una granada y la lanzó hacia los republicanos. Evidentemente el intento de persuadir a las tropas enemigas fue en vano. Blast se asomó disparando hacia todos lados ¡FUEGO DE COBERTURA! corrimos rápidamente Necrium, otros dos imperiales y yo hacia los pies del búnker. Sin pensarlo más de una vez, lanzamos las granadas hacia el interior del búnker aunque de poco sirvieron, ya que éstas salieron disparas hacia fuera debido a un campo magnético que protegía al búnker. Rodeamos dicha infraestructura hasta llegar a la parte trasera, donde se situaba la entrada. Una vez en el interior, cubiertos por simples mesas o sillas, atacaron los republicanos sin ningún tipo de compasión. Dieron a uno de los imperiales que nos acompañaban, pero entre Necrium y yo conseguimos reducirlos dando luz verde al resto de tropas imperiales a avanzar. Se podía ver a lo lejos la gran base republicana siendo asediada por las tropas imperiales. Seguimos avanzando por el terreno, tendríamos que despejar la zona de enemigos y posteriormente reunirnos en el campamento imperial para nuevas órdenes, y así fue como los 64 imperiales avanzamos a toda velocidad por el terreno, hasta adentrarnos en el bosque indicado. El campamento estaría a unos 5 o 6 kilómetros pero en el camino pequeñas escuadras de republicanos acompañados por Jedi nos amenazarían aunque eso no era problema para los Soldados de Asalto del Imperio.




64 hombres avanzando ligeramente por el bosque no era algo cauteloso. A medida que avanzábamos, la tensión se iba acumulando entre nosotros, la incertidumbre de cuando nos íbamos a encontrar al enemigo o de cuando el enemigo nos iba a encontrar. Al cabo de unos 20 o 30 minutos varias bombas estallaron en el camino, acabando con 10 o 15 de nuestros hombres. De los árboles, aparecieron más republicanos disparando contra nosotros. Las bajas en nuestro bando se hacían notables, comenzamos a disparar contra los rebeldes. Gracias su reducido número y nuestra clara superioridad, conseguimos que se retirasen y pudimos continuar el camino en paz. Al llegar al campamento imperial, tan sólo quedamos 39 hombres que podían servir. El Comandante encargado del Campamento se acerco hacia el jefe de nuestra patrulla, Necrium. ¿Ustedes son los refuerzos? Pues vaya mierda. Una mirada bastante incómoda se cruzo entre el Teniente y el Comandante. Pero bueno, es lo que hay. Tampoco me voy a quejar, seguidme, os explicaré lo que vosotros y vuestros hombres tendréis que hacer. Le seguimos por el Campamento a su tienda de campaña, por el camino, varias máquinas de guerra, imperiales cargando grandes cajas de combustible, prisioneros y transportadores de arsenales invadían las actividades del campamento. Desde nuestro pequeño refugio podíamos visualizar que ya había cesado el ataque a la base había cesado, con el claro fracaso del bando imperial. Espero no fracasar está vez señores, tomen asiento. Bien, como ven en el mapa, nosotros estamos justamente aquí y la base está aquí. Ustedes serán transportados en una nave de transporte hacia la azotea de la base. Deberías despejar todo por dentro y colocar bombas en los pisos inferiores. Una vez coloquéis las bombas tendréis 2 minutos para salir de ahí cagando ostias, creo que quedó claro ¿alguna duda? El silencio que se hizo en la tienda de campaña fue tomada como un no para el Comandante Imperial. Retírense a descansar, mañana será la operación. Pero usted, Soldado Inthar, espere, quiero hablar. Todos se retiraron de la tienda, y yo me mostré firme ante mi superior. ¿Usted es el sensible a la Fuerza, no es así? [...] Veo que es un hombre de pocas palabras, me gusta. Pues bien, escúcheme bien Soldado, si consigue que todo vaya perfectamente, hablaré con el Tribunal Sith para que te devuelvan el uso de la Fuerza. Llevamos años intentando acabar con la resistencia en Naboo, y mañana podríamos dar fin a tantos años de trabajo. Puede retirarse, espero que no fallen. Me retire a la tienda de campaña junto a algunos supervivientes del aterrizaje. Antes de irme a dormir, pude disfrutar de una última partida de sabacc con mis compañeros de cuadrilla. Se echaba de menos después de tantos meses de viaje y de luchas espaciales en plena órbita. No pude evitar al dormirme pensar la recompensa que si esta batalla salía bien, sería mía. No tardé en conciliar el sueño, mañana sería el gran ataque.

A primera hora de la mañana no pude evitar ser despertado por los primeros rayos del sol que se colaban a través de la tienda de campaña, haciéndome imposible seguir durmiendo. Me levanté, colocándome el uniforme de servicio y me até con fuerza las botas. Dejé el casco posado sobre la litera junto a mi E-11 y salí hacia el exterior de la tienda de campaña. Los soldados de guardia seguían su rutina, paseando por el campamento mientras el sol de Naboo aparecía tímidamente por el horizonte. Me senté apoyándome sobre un árbol y no pude defenderme ante los recuerdos de los Dark Sith. Tantos años de entrenamiento en la Fuerza, para que ahora se me fuera censurada. Estaba dispuesto a volver a ganarme aquel privilegio del cual solo unos pocos gozábamos de él. Se me pasaron rápido las primeras horas del día y los soldados amanecieron y fuimos a desayunar. Repasamos el plan con nuestros 39 hombres, los supervivientes del aterrizaje en Naboo. El ataque sería pasadas las 17 horas de la tarde, durante aquel período nuestros hombres charlaban tranquilamente o simplemente deseaban volver a casa con sus familias. De nuevo aquellos recuerdos atacaron mi mente, esos mismos que no me dejaban dormir. También sentí nostalgia de la primera vez que había visitado Naboo, siendo yo un joven y rebelde Padawan Jedi dispuesto a dar la vida por la República. Tiempos pasados que jamás volverán, compañeros que el tiempo ya se los llevó y que por desgracia, lo que el tiempo se lleva no te lo devuelve. Aunque algunos de mis viejos compañeros fuesen Jedi, o aún lo sean, para mi son mis hermanos. Son todo lo que tuve, y lo que tengo, y son ellos los que me ayudan a avanzar. Todo el aprendizaje sería en vano si hoy perdíamos la batalla, vivir o morir.

Había llegado la hora acordada. Desplegamos 3 naves de transporte para llevar a nuestros 39 hombres a la azotea de la base Imperial. Desde ya después de comer, varias legiones imperiales habían estado atacando a los republicanos para poder ayudarnos en el despliegue de la azotea. Cuando emprendimos el viaje, agarré con fuerza mi E-11 y me volví a ajustar el casco y pude distinguir a algunos soldados que iban conmigo besando las fotos de sus familias. Necrium se acerco a mí, y me agarro con fuerza el antebrazo. Asentí con la cabeza y volvió alejarse mientras pude distinguir la figura del Soldado Blast en la otra nave de transporte. Cuando casi estábamos llegando a la azotea, un disparo de cañón láser impactó sobre una de nuestras naves, haciendo que explotase en el aire y los pocos supervivientes fueran precipitados sobre el suelo a unos 300 metros. Rápidamente, las dos naves restantes comenzaron a hacer maniobras evasivas para poder esquivas los misiles del cañón láser. El despliegue en la azotea fue duro, ya que allí nos esperaban los republicanos. A medida que bajábamos de la nave nuestros soldados iban cayendo poco a poco. Los supervivientes conseguimos avanzar hacia una especie de nido de ametralladora, y despejamos la zona de republicanos. Desde aquel nido, empezamos a disparar hacia las demás tropas republicanas consiguiendo así acabar con ellas. Nos estaban esperando, por lo que llegar a los pisos inferiores sería un infierno. Lo único bueno, es que teníamos ya asegurado que los pocos resistentes de la Orden Jedi en Naboo habían sido evacuados días antes de nuestra llegada, por lo que sería una batalla de tiroteo. Nos adentramos en el interior de la base, teniendo en mente que una vez hubiésemos colocado los explosivos solamente tendríamos 2 minutos para huir. Avanzamos sin problema, derribando a los pocos republicanos que no estaban defendiendo desde fuera. Conseguimos llegar a la sala de control, inmovilizando mediante un hackeo a los cañones láseres de la República, impidiendo que siguieran destruyendo nuestras máquinas de guerra y naves de transporte. No tardamos en tomar contacto con los republicanos, aquel oscuro pasillos se incendió de disparos láseres azules y rojos. Varios de nuestros 18 hombres vivos habían caído en terreno republicano. Cuando todo parecía que había acabado, seguimos avanzando. Encontré a un republicano medio moribundo pidiendo piedad Mátalo me ordenó el Teniente Imperial Necrium. Sin pensarlo dos veces, jalé del gatillo de mi E-11, haciendo que la muerte del republicano fuese instantánea. Seguimos avanzando y llegamos a los pisos exteriores. Los disparos del exterior se hacían notar y tan solo 1 escuadra republicana había defendiendo el lugar. Estaba claro que la base no tenía suficientes recursos, y seguramente sin falta de que explotásemos las bombas la batalla estaría ganada. Aunque órdenes son órdenes, así que nos deshicimos de la escuadra y colocamos las bombas. Antes de activarla, nos mirábamos dudosos entre nosotros.  Hasta que por fin, Blast activó las bombas. Corrimos rápidamente por los pasillos mientras el Teniente Necrium daba la alarma a las tropas imperiales que se alejasen de la base. 1 minuto tardamos en subir hacia arriba, cuando tendríamos que embarcar lo que nos llevaría normalmente medio minuto. Yo me quedé con Necrium en el tren de aterrizaje ayudando a los imperiales a subir a las naves. Al parecer una de las bombas explotó antes de tiempo lo que hizo el derrumbe de gran parte de la infraestructura por lo que quede colgado del tren de aterrizaje agarrando con una mano a Necrium. Suélteme soldado, mejor un hombre muerto que no dos. Ordenó el Teniente. Jamás le soltaré, señor. La nave daba tumbos, lo que hacia más difícil que agarrase al Teniente, aún así, no le solté. La nave tenía que alejarse rápidamente de la base o si no caería con ella. Pude distinguir desde los 300 metros que estaba nuestra nave, a los republicanos intentando evacuar la base, pero entonces explotaron el resto de bombas creando una masacre en masa. A los pocos minutos, se pudo distinguir la bandera del Imperio Galáctico ondear en los restos de la base republicana. Conseguí subir a Necrium cuando ya se estabilizó la nave, y me abrazó con fuerza. Habíamos ganado la batalla, habíamos tomado Naboo. Cuando aterrizamos, el Comandante se acercó orgulloso hacia nosotros dándonos un fuerte apretón de manos. ¡Confiaba en vosotros, muchachos! Y por cierto Soldado, no dudes en que podrás volver a usar la Fuerza. Me sentí llenó de orgullo de mí mismo, ahora solo quedaba la vuelta a Korriban y esperar la notificación del Tribunal del Emperador.

48 DGLS
Korriban, cuna de la Orden Sith y sede del Imperio
Tribunal del Emperador





Soldado de Asalto del Ejército Imperial Inthar, debido a la gran ayuda prestada junto al Teniente Necrium y al Soldado Blast, ustedes serán recompensados con la Medalla de Honor del Imperio Galáctico e Inthar se le devolverá el uso de la Fuerza obteniendo el cargo dentro del Imperio Galáctico de Shadow Trooper. Dictaminó el Emperador, dando por concluido mi censura dentro de la Orden Sith y del Imperio. Volvía a poder usar mis poderes, y seguía con mis compañeros como Shadow Trooper. La batalla de Naboo fue la primera con mi batallón, pero no la última.




Obtenciones: Medalla de Honor del Imperio Galáctico [OP]

Cambio de facción de Imperial a Sith
actualizar:
Spoiler:
Afiliación: No sensible a la fuerza/Sith
Rango y nivel Actual: Shadow Trooper
Organización a la que pertenece: Korriban: Base Imperial

OBJETOS QUE PORTO
Cantidad de Objetos: 2/4 (pequeños) 0/2 (medianos) 0/1 (grandes)
Spoiler:
- Sable Sapphire Morado [OP]
- Sable Electrum Rojo [OP]

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